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lunes, 20 de junio de 2011

El porqué de los contemplativos

Para responder a la pregunta de hoy, se necesita mayor sabiduría humana que la que poseemos entre estos claustros. Por ello, recurrimos a dos grandes Obispos españoles para que nos lo expliquen. Ellos nos dirán el sentido de la jornada "Pro orantibus" en el día preciso dedicado a la Santísima Trinidad..
Los Obispos son muy queridos por las monjas contemplativas, que rezamos constantemente por ellos y sus ministerios, por sus Presbíteros, Diáconos y Fieles laicos.  Los Obispos en cuestión, que nos van a hablar de lo que es la vocación contemplativa, serán Monseñor Asenjo, Arzobispo metropolitano de la ciudad de Sevilla, y Monseñor Ginés García Beltram, de la Diócesis de Guadix.

El primero, monseñor Asenjo, que es Sacerdote alcarreño, nos dice:



Celebramos en este domingo la solemnidad de la Santísima Trinidad. En ella toda la Iglesia se hace confesión de la gloria de Dios, adoración y acción de gracias a la Santísima Trinidad, a la que fuimos  consagrados en nuestro bautismo. Desde entonces, formamos parte de la familia de Dios: somos hijos del Padre, hermanos del Hijo y ungidos por el Espíritu. La Trinidad santa nos abre sus puertas, nos introduce en su intimidad y hace que participemos de la vida divina. La nuestra, en consecuencia, debe ser una vida "en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo", es decir en, con y para la Trinidad. Para que nunca olvidemos que esta debe ser nuestra aspiración más verdadera, en este día la  Iglesia celebra la jornada  "Pro orantibus", dedicada especialmente a las monjas contemplativas. En esta jornada damos gracias a Dios por este tesoro, verdadero torrente de gracia y de energía sobrenatural para todos nosotros. Hoy tenemos muy presentes en la oración a estas hermanas nuestras, que hacen de su vida una ofrenda a la Trinidad y una plegaria constante por todos nosotros. Ellas son testigos del amor más grande y de la vida en Dios y para Dios, que todos estamos llamados a vivir y de la que gozaremos definitivamente en el cielo. Con su testimonio nos están diciendo cuáles son los valores permanentes en los que debe afincarse nuestra vida,  entre los que destaca como valor primero el reconocimiento explícito del primado de Dios, constantemente alabado, adorado, servido y amado con la mente, el alma y el corazón (Mt 22,37).  
  Nuestras hermanas contemplativas nos recuerdan a todos nuestra vocación más autentica y nos enseñan a vivirla. Ellas oyeron un día la invitación del Señor a seguirle, lo dejaron todo y respondieron con prontitud a su llamada. Viviendo como Él en pobreza, castidad y obediencia, encarnan el espíritu de las Bienaventuranzas. En la soledad, el silencio, el culto divino, la ascesis, la oración y la mortificación, dedican su 
vida a la contemplación de Dios. Viviendo la vida comunitaria  y siendo de verdad un sólo corazón y una sola alma, son para todos signo de fraternidad en medio de un mundo golpeado por tantas fracturas, heridas y divisiones.  
    El  lema  de  la  Jornada de este año es "Lectio divina, un camino de luz”. No podía ser otro, después  de la publicación  de la Exhortación Apostólica  “Verbum Domini”. En el origen de esta vocación peculiar está la Palabra personalísima, que entre brumas y oscuridades, un día les susurró en el oído: “Ven y sígueme”, esa Palabra que después ha ido alimentando su vida interior a través de la Lectio divina, siendo la fuente primera de su oración y meditación y la inspiradora de su consagración religiosa.  
  Las contemplativas nos enseñan a apreciar y amar la Palabra de Dios, el camino más corto para conocer al Señor. Sólo se ama aquello que bien se conoce. Sólo amaremos de verdad al Señor y nos entusiasmaremos en su seguimiento e imitación, si nos dejamos fascinar por su vida, si de verdad le conocemos a través de la lectura asidua de  su  Palabra.  Como nos dice San Jerónimo, "desconocer la Escritura es desconocer a Cristo”, pues en ella se encuentra "la ciencia suprema de Cristo" (Fil 3,8).


El segundo, monseñor García Beltrán, refiere a sus diocesanos:

Hoy son muchos los que cansados de correr y hartos de la monotonía y el sin sentido de lo cotidiano, buscan los monasterios. Las hospederías de las casas habitadas por los contemplativos se han convertido en un reclamo turístico para aquellos que necesitan de paz y de sosiego. No todos son atraídos por la vida espiritual, pero todos reconocen con su opción el valor que tiene este estilo de vida.
 Por ello es lícito que nos preguntemos: ¿Por qué hay hombres y mujeres que viven así?; ¿qué les mueve a entregar su vida en la contemplación?. La respuesta puede parecer obvia, pero no por eso hemos de dejar de repetirla. Los monjes y las monjas han elegido a Cristo, y con él, la mejor parte. Han renunciado a lo transitorio por lo permanente, a lo temporal por lo eterno, a lo penúltimo por lo último. Son la parte de la Iglesia que no se ve, que no se oye, pero que aporta lo más sabroso de la experiencia de fe: estar con el Señor y llevarle hasta su corazón las alegrías y las esperanzas de los hombres, los sufrimientos y las angustias de la humanidad. Los contemplativos son expertos en humanidad porque son expertos en la vida íntima de Dios. 
 Este año se nos propone como lema de esta Jornada: “Lectio divina, un camino de luz”. En la lectura orante y contemplativa de la Palabra de Dios encuentran la luz que baña la existencia humana y que nos revela el verdadero rostro de Dios. Dios sigue hablando, y las Escrituras santas son palabra viva y eficaz, dicha para el hombre de todos los tiempos, por eso, basta con acercarse a ella reverentemente, buscando a Dios, para encontrarlo a Él y encontrarnos a nosotros mismos. El encuentro existencial con el Dios que se revela da profundidad a la vida y la llena de sentido. La paz de los contemplativos no es el resultado de la falta de problemas o de la despreocupación por todo lo que ocurre en el mundo; la vida contemplativa no es una huida del mundo, todo lo contrario, es llegar al corazón de ese mundo para llenarlo de Dios. Los contemplativos están en el mundo desde Dios.
 Los contemplativos son una gran provocación en medio del mundo del ruido y de la prisa. En el silencio, haciendo del tiempo un horizonte de eternidad, anuncian lo que verdaderamente es importante: Dios mismo.
 Esperamos que estos dos grandes obispos de nuestra Iglesia, hayan iluminado suficientemente vuestro conocimiento acerca del carisma específico, que tenemos las monjas y monjes contemplativos, dentro del Cuerpo Místico de Cristo.
Unidos siempre en la oración, con Cristo y nuestra Madre Santísima, la Virgen María, seguimos a vuestra entera disposición. Esperamos que recéis por nosotras algunos días más durante el año, pues os necesitamos también, para perseverar en nuestra misión y para que las almas llamadas por el Señor sean generosas y den un SÍ completo, como nosotras lo damos cada día. Dios os bendiga.
Dios nos habla en las Sagradas Escrituras.
Escuchémosle haciendo silencio y dejando todo lo demás,
porque SÓLO DIOS BASTA.
  

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